Análisis
Martinelli: un juicio sospechoso
- Silvio Guerra Morales
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A la Corte, un juez de garantías, no puede hacérsele este tipo de observaciones, pues la Corte opera como el superior jerárquico y la competencia para conocer de un caso o no, no se insta o se sugiere por un subalterno, sencillamente, ella está demarcada en el plexo constitucional y legal, bien definida y consignada por la propia ley.
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El pleno de la Corte será quien deba dar a conocer, en estricto Derecho, si mantiene o rechaza su competencia para juzgar al señor Ricardo Martinelli.
El proceso penal en contra del exmandatario Ricardo Martinelli Berrocal parece ir montado en un tren de alta velocidad.
No bien concluida la denominada etapa intermedia del proceso en la que el juzgador que representa el conjunto de principios y reglas garantistas, de allí el nombre de juez de garantías, decide qué deberá ser tenido como medio de prueba para la etapa del juzgamiento penal ante el Tribunal de Juicio, fijó de inmediato fecha para la celebración de este.
En la época del jet, en la década de los cincuenta, decía el célebre maestro procesalista Francesco Carnelutti, "la justicia anda al paso de la tortuga".
El jet ha sido superado por naves más veloces que han pretendido romper, prácticamente, la velocidad del tiempo y del sonido, pero aún en la época actual, triste decirlo, la justicia sigue andando al paso de la tortuga; no obstante, en el caso Martinelli, las cosas se han invertido, y para él la justicia ha andado a la velocidad supersónica similar a la de un tren bala.
No es que el exmandatario no pueda tener un caso, conforme al canon o postulado constitucional, de justicia rápida y eficiente en tiempo breve.
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Entiéndase por justicia expedita y eficiente, aquella que respeta los términos procesales, que permite el derecho de las partes a hacer uso de los recursos efectivos previstos en la legislación, y que persigue, de modo convincente, declarar el derecho conforme a los medios de prueba y la certeza positiva o negativa que ellos arrojen ante el juzgador y que, en el caso del expresidente, serán varios, quienes adoptarán, si se llega al juicio, una sentencia sobre una mayoría integrada por las dos terceras partes (2/3) del pleno de la Corte y toda otra decisión, en el curso del juzgamiento, tendrá que ser adoptada por una mayoría absoluta, es decir, de cinco (5) magistrados.
Ahora bien, debemos tener presente que la justicia de las garantías, en el caso de Martinelli, andaba muy de prisa, máxime si consideramos que ya se tenía conocimiento de un anteproyecto redactado por el magistrado sustanciador y que resolvería una acción constitucional de amparo de garantías presentado por uno de los abogados del equipo de la defensa.
En consecuencia, ¿en contra de quién o a quién se pretende ganar una carrera contra el tiempo?
Obviamente, que al propio pleno de la Corte, siendo que esta corporación de justicia, actuando como Tribunal Constitucional, será quien deba dar a conocer, en estricto Derecho, si mantiene o rechaza su competencia para juzgar al señor Martinelli.
A lo mejor, cuando este artículo de opinión esté siendo leído por los amables lectores, ya la Corte se haya pronunciado.
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No obstante de lo anterior, es de aclarar que si se llegare la fecha de la audiencia ante el Tribunal del Juicio, prevista para el día 11 de diciembre del presente año, y no se haya resuelto el amparo de garantías que se encuentra en curso, lo que se podría esperar es que la Corte advierta que mal podría celebrarse el juicio en contra de Ricardo Martinelli merced a que se encuentra aún pendiente de decisión dicho amparo.
Lo cual sería, obviamente, una decisión apegada a Derecho y a los principios inherentes o consustanciales al mismo debido proceso, entendido este como proceso que respeta sus propios principios, lo cual es, sin duda alguna, al decir de Alvarado Velloso, nuestro maestro, una idea lógica, y añado por mi parte, de pleno raciocinio forense.
En torno a la competencia de la Corte para conocer del caso en contra del expresidente Martinelli Berrocal, el juez de garantías advirtió, según se diera a conocer en los medios periodísticos, que: "La Corte tendría un serio problema de coherencia e iría contra sus propios actos si decide que no tiene competencia".
A mi juicio, tal observación, de haberse dado, causa mucha suspicacia y abre un caudal de conjeturas.
A la Corte, precisa acotar, un juez de garantías, como en ningún otro caso de la justicia ordinaria o extraordinaria, no puede hacérsele este tipo de observaciones, pues la Corte opera como el superior jerárquico y la competencia para conocer de un caso o no, no se insta o se sugiere por un subalterno, sencillamente, ella está demarcada en el plexo constitucional y legal, bien definida y consignada por la propia ley.
Creo que, en los próximos días se estarán definiendo cosas muy delicadas y que, todas ellas, triste decirlo, parecieran estar relacionadas con el ejercicio del poder político y, en medio de ellas, Ricardo Martinelli.
Abogado.
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