Fábricas de acero presentan problemas en Italia
- Jason Horowitz
El mercado mundial del acero cayó, las autoridades incautaron un muelle crucial para la importación de materias primas, y la fábrica principal produjo 4 millones de toneladas de acero el año pasado, mucho menos de la cantidad necesaria para obtener ganancias.

Si cerrara la acerera ArcelorMittal, en Taranto, Italia, más de 10 mil 500 obreros podrían perder sus empleos. Foto / Alfredo Chiarappa para The New York Times.
TARANTO, Italia — En su tienda de la esquina junto a la planta siderúrgica más grande de Europa, Giuseppe Musciacchio arrastró su dedo índice sobre un estante cubierto de polvo gris.
Afuera, una enorme chimenea se alzaba sobre un paisaje de altos hornos y reservas de minerales peligrosos. Oscuras bocanadas de escape industrial flotaban en el cielo como nubes de lluvia. En los “días de viento”, el alcalde cancela las clases por temor a que el polvo tóxico sople por la ciudad.
“Constantemente estoy limpiando”, dijo Musciacchio. Fotografías en la pared honraban a su madre y a otros familiares que, dijo, habían muerto de cáncer. “Murieron de vivir aquí, de respirar aquí”.
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Aun así, mientras el Gobierno de Italia y el operador extranjero de la fábrica, el gigante siderúrgico ArcelorMittal, libran una pelea por el futuro de la planta, Musciacchio espera que no se cierre. “Sería un desastre económico”, afirmó.
El cierre de la planta podría tener ramificaciones para la estabilidad del Gobierno de Italia y de toda la economía del país. Eso ha hecho que la lucha en torno a la siderúrgica sea un emblema de lo que aqueja a Italia: una industria en declive, regulación descuidada y política volátil.
La fundidora —aún conocida por su anterior nombre, ILVA— es una planta enorme de 15 kilómetros. Es la fábrica más grande en el sur del país, donde se sufre una depresión económica. Si cierra, más de 10 mil 500 trabajadores podrían perder sus empleos en una región ya con alto desempleo, particularmente entre los jóvenes.
ILVA nació como una empresa paraestatal en los 60. En los años de auge de los 70 y 80, tantos italianos tenían empleos relacionados con el negocio que Rinaldo Melucci, el alcalde de Taranto, llamó a la ciudad “la Milán del Sur”.
En 1995, la familia Riva, productora de acero italiano, compró la fábrica. Pero grupos ambientalistas y fiscales italianos sacaron a la luz abusos ambientales y de salud.
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Esos abusos finalmente contribuyeron a que Italia incautara miles de millones de euros en activos de ILVA, y en el 2014 el Gobierno tomó el control de la planta. Estableció un escudo legal para proteger a sus nuevos operadores mientras intentaban limpiar la planta.
Con el tiempo, el Gobierno decidió buscar un comprador privado que pudiera dar un giro de 180 grados a la planta. Encontró uno en ArcelorMittal.
En noviembre del 2018, la compañía acordó arrendar la planta por 45 millones de euros (unos 50 millones de dólares) por trimestre. Se suponía que eso llevaría a una eventual compra de la planta por valor de 1.8 mil millones de euros. ArcelorMittal también señaló que destinaría 2.4 mil millones de euros a la modernización y limpieza ambiental de la planta.
Y acordó mantener 10 mil 700 empleos durante cinco años, o pagar una gran parte de esos salarios y multas considerables por cualquier trabajador despedido.
La disposición del Gobierno de otorgar inmunidad respecto a los problemas ambientales estuvo al centro del acuerdo, dijo Paul Weigh, vocero de ArcelorMittal.
Pero el mercado mundial del acero cayó, las autoridades incautaron un muelle crucial para la importación de materias primas, y la fábrica produjo 4 millones de toneladas de acero el año pasado, mucho menos de la cantidad necesaria para obtener ganancias.
Luego, en abril, el Gobierno, liderado por el populista Movimiento 5 Estrellas, anunció planes para poner fin al acuerdo de inmunidad. La protección expiró el 3 de noviembre y la compañía envió un aviso al día siguiente de que se retiraría de la fábrica. El Gobierno demandó.
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A fines de diciembre, las dos partes acordaron los términos para futuras negociaciones, pero el destino de la planta sigue en el limbo.
“Todos tienen miedo”, dijo Emanuele Palmisano, funcionario sindical local que trabajó 21 años en la planta.
Weigh, el vocero de ArcelorMittal, dijo que la compañía había “cumplido con todos los compromisos de inversión ambiental acordados en el plan ambiental aprobado por el Gobierno italiano”.
Algunos residentes dijeron estar hartos de las promesas de 5 Estrellas. “Nos vieron la cara de tontos”, dijo Ignazio D’Andria, de 58 años, que recordó que de niño se despertaba con polvo en la cara y la almohada. “Dormíamos con las ventanas abiertas. No sabíamos”.
Melucci, el alcalde, dijo que aunque había efectos negativos de salud por la planta, “esto no es Chernobil”. También indicó que quería desarrollar otras industrias en la ciudad.
“Si arreglan ILVA, Italia se recupera”, dijo. “Si cierran, es el inicio de un gran declive para el país”.
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