¿Cómo celebran el Ramadán en tiempos de cuarentena?
- Wajahat Ali
Durante un Ramadán normal, todos se deleitan con un banquete delicioso de alimentos todas las noches, en el hogar de alguien o en la mezquita. Esta reunión es importante sobre todo para personas sin familia y aquellos sin ingresos, lo cual es desafortunadamente común en este momento.

El mes sagrado del Islam ha iniciado en un mundo cambiado, donde la mayoría lo celebrará en casa. Mezquita en Estambul. Foto / Eredem Sahin/EPA, vÍa Shutterstock.
El profeta Mahoma dijo una vez a sus seguidores que nunca entraran o salieran de una ciudad donde está la peste, para evitar propagar la enfermedad.
Ese consejo parece oportuno para el Ramadán de este año. Ha llegado el mes sagrado anual del islam, durante el cual los musulmanes se abstienen de alimentos, bebidas (¿ni siquiera agua? No, ni siquiera agua) y sexo desde el amanecer hasta la puesta del Sol. Gracias a las medidas de distanciamiento social para evitar la propagación del coronavirus, la mayoría no saldremos de nuestros hogares, mucho menos de nuestras ciudades, en esta ocasión. El Calendario Google de mi familia está completamente vacío. No hay iftares comunitarios, las comidas para romper el ayuno. Todas las mezquitas locales están cerradas.
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La vida cotidiana se ha visto trastornada. ¿Cómo puede haber interacción y veneración comunitarios, que son tan cruciales para el Ramadán como el ayuno, durante un confinamiento y cuarentena?
Durante un Ramadán normal, nos deleitamos con un banquete delicioso de alimentos todas las noches, en el hogar de alguien o en la mezquita. Esta reunión es importante sobre todo para personas sin familia y aquellos sin ingresos, lo cual es desafortunadamente común en este momento. Nadie quiere que los miembros más vulnerables de nuestra comunidad rompan sus ayunos solos en su casa.
Este año, tendremos que improvisar.
Hace poco, un amigo propuso esto: las familias preparan una comida, se reúnen en el estacionamiento y dejamos nuestros platillos en cajuelas abiertas para que todo el mundo pueda disfrutar de un bufet de autoservicio. Mi esposa, quien es doctora, dijo rápidamente que esto sonaba como la receta perfecta para infectarse.
Otra amiga, Brenda Abdelall, intentó refinar la idea. Quiere intentar “iftars ‘de traje’ con distanciamiento social”, donde cada quien prepara una comida y deja muestras a las puertas de los demás y a las puertas de quienes pudieran necesitar ayuda para alimentar a sus familias. Mi esposa dice que esto suena razonable (siempre y cuando sea yo quien cocine —una aptitud que por fin aprendí al estar encerrado en la casa).
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Mohamed Magid, el imán del Centro de la Sociedad Musulmana para toda el área de Dulles, una enorme mezquita en Virginia, me dijo que normalmente esperaría que acudieran 600 personas para el rezo comunitario cada noche durante el Ramadán. Este año, en lugar de eso, ofrece sesiones nocturnas por Zoom que presentan un grupo cambiante de recitadores del Corán para que todos puedan escuchar desde casa. Un trabajador social organizará y coordinará la entrega de despensas a los miembros vulnerables.
Adaptarse es desafiante. Pero me dijo que siempre que siente ganas de quejarse, piensa en los musulmanes rohingya a quienes visitó en campamentos para refugiados en Bangladesh. Incluso en las condiciones más extremas, dijo, ayunaban sin queja.
Siempre me siento inspirado por esas historias, pero confieso que también soy propenso a momentos de duda y temor. ¿Cómo me concentro en la devoción cuando estoy intentando evitar el virus para proteger a mi hija con inmunosupresión, quien acaba de sobrevivir al cáncer?
Sé que no estoy solo en mi ansiedad, pero también sé que hay gente en situaciones mucho más difíciles en este Ramadán. Pienso sobre todo en los trabajadores de primera línea del cuidado de la salud, que trabajan largas horas sin suministros adecuados y quienes ayunarán en solitario mientras intentan salvar vidas.
Saquib Rahim, un doctor de medicina interna que trabaja en Nueva York y quien ha tratado a pacientes con COVID-19 desde los primeros días de la pandemia, planea ayunar este año. “No puedo pensar en una forma más apropiada de mostrar tu compromiso hacia la fe y Dios que cuidar de pacientes durante este momento”, me dijo. Vive temporalmente alejado de su familia para evitar la posibilidad de transmitir el virus si él se contagia, y admite que la falta de comunidad será muy difícil. “Será un reto singular sumergirme en mi fe mientras paso tiempo significativo sin compañía”, señaló.
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Al escuchar las historias de la gente, recuerdo que Dios quiere alivio para sus creyentes, no dificultad. Aquellos que están enfermos o que viajan tienen ordenado no ayunar. Se nos pide que hagamos el mayor bien y el menor daño, al valorar la vida por encima de todo lo demás.
Así que este año emularé el comportamiento profético al ser responsable, quedarme en casa, rezar con mi familia, sentirme agradecido y simplemente dar lo mejor de mí. No será heroico ni extraordinario, pero durante estos tiempos desafiantes, será suficiente.
Si somos bienaventurados, incluso podría ser casi algo divino.
Wajahat Ali es un dramaturgo y abogado.
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