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¡Tengo sed!
Todas estas clases de sed buscan saciarse bebiendo el veneno de los manantiales inmundos de las idolatrías y terminan las personas muy dañadas.
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Todas estas clases de sed buscan saciarse bebiendo el veneno de los manantiales inmundos de las idolatrías y terminan las personas muy dañadas.
Jesús también tuvo sed de agua como todo ser humano, y en la cruz fue una de sus frases recogidas en el Evangelio: "tengo sed", gritó con voz temblorosa, ya sintiendo los estragos de la agonía. Foto: Archivo.
Hay muchas clases de sed. La sed de poder que domina a mucha gente que quiere estar encima de otros, dominándolos, manipulándolos.
Se sienten victoriosos cuando triunfan y van a la cabeza en cualquier campo de la vida.
Y buscan la manera de avasallar, de apabullar. Está la sed de orgullo y vanidad, donde la persona busca destacar como sea y ser el objeto de las miradas y admiración de todos.
No escatiman estrategia o medio para ser el centro de la atención de otros.
Buscan entonces el mejor carro, la mejor ropa, el maquillaje o la cirugía plástica, dietas exageradas, andar exhibiendo su cuerpo con las modas más atrevidas.
El asunto es sobresalir como sea. Dependen totalmente del qué dirán. Está la sed de dinero, que los seduce hasta el extremo de hacer cualquier acto delictivo para tener más y más. Acaparan todo lo que pueden. El dinero es un dios para ellos.
Está la sed de venganza, que proviene de un corazón resentido, que no perdona, que busca saciar su rencor y odio como sea.
Todas estas clases de sed buscan saciarse bebiendo el veneno de los manantiales inmundos de las idolatrías y terminan las personas muy dañadas.
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Jesús también tuvo sed de agua como todo ser humano, y en la cruz fue una de sus frases recogidas en el Evangelio: "tengo sed", gritó con voz temblorosa, ya sintiendo los estragos de la agonía, deshidratado su cuerpo por la pérdida de sangre, las torturas a las que fue sometido, el sudor y el cansancio.
Y hasta el día de hoy recordamos esa frase de Cristo haciéndonos ver que era un ser humano sometido a todo como cualquier persona. Pero hay algo más.
Él tenía sed de almas, de nosotros, de nuestros corazones, de nuestro amor, de nuestra atención, de nuestra oración.
Tenía y tiene sed de nuestro arrepentimiento, de nuestra conversión. Está sediento de nuestra amistad y cercanía.
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Para eso vino al mundo, para acercar a Dios a todos nosotros. Por eso se hizo hombre. Por eso nos asumió a todos en la encarnación y en su muerte y resurrección. Quiere tenernos lo más cerca posible. No seamos ingratos con Él. Ahora nos lo pide con intensidad. Que le demos a beber de nuestro amor. Hagámoslo ahora que estamos a tiempo.
No nos suceda como en la parábola del rico Epulón y Lázaro. Que murió el egoísta que siempre banqueteaba con sus amigos y nunca atendió al pordiosero Lázaro y en el infierno le pedía a Abraham que permitiera a Lázaro mojara con la punta del dedo agua y mojara sus labios.
Nunca atendió al hambre de Lázaro, que es el mismo Cristo quien nos pide de comer en los pobres.
Monseñor.
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