Epicentro
Sobre las necesidades artificiales de la sociedad
...hoy hacemos digestión de marcas, más que de alimentos; todo eso, como una necesidad artificial impuesta por el sello inconfundible del consumo...
Epicentro
...hoy hacemos digestión de marcas, más que de alimentos; todo eso, como una necesidad artificial impuesta por el sello inconfundible del consumo...
Para el hombre moderno, hasta los sentimientos son dictados ya por el orden del consumo, con publicidad que se diseña en los laboratorios más oscuros de conducta... Foto: Archivo. Epasa.
Uno de los principios básicos de éxito del sistema imperialista ha sido siempre la creación de necesidades artificiales en las poblaciones y territorios conquistados.
Así, si alguna población sufría la "desfachatez" de no usar calzado, por ejemplo, entonces había que obligarla prontamente a hacerlo, por medio incluso de las normas, y no solo normas cívicas y de conducta.
De esa manera se lograba el aseguramiento de un mercado cautivo, por una parte, y se forjaba cuidadosamente el hábito en el consumo de productos y el comercio de la conquistadora "madre patria". Casi similar a la llamada colonización por vientre, pero orientada de manera más artificiosa hacia la conquista impuesta del consumo cultural.
Gandhi comprendió muy rápido que el factor más degenerativo de la dolencia del imperialismo era precisamente romper con ese hábito del consumismo impuesto, tejido como un nocivo parche en la costumbre social de su nación.
Gran Bretaña importaba a bajo costo el algodón de la India, imponiendo luego en ese mismo pueblo la costumbre del consumo de las telas. Con un concepto muy sencillo, entonces, Gandhi asestó un duro golpe al corazón económico del Imperio Británico: teje tu propia tela con el algodón de tu nación.
El hombre nace con solo dos miedos innatos: el temor al ruido y el temor a caer. Todo otro temor se va formando luego en él, como una costra impuesta por la sociedad y por el contexto en el que vive. El consumo es similar. En términos reales y básicos, todo alimento nutritivo es nutritivo, al margen del sabor o del placer individual de su consumo.
Sin embargo, comencemos a entender que hoy hacemos digestión de marcas, más que de alimentos; todo eso, como una necesidad artificial impuesta por el sello inconfundible del consumo, que se impone en el hombre desde su más tierna edad, obligándolo a consumir productos enlatados.
Luego, conforme va creciendo, pasa a ser la víctima de un apetito cultivado por los medios, por el mercadeo y por las redes hoy en día.
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Ya las grandes masas de este mundo no son víctimas esclavizadas del imperialismo, tal vez, pero esa práctica de cultivar necesidades colectivas para cosecharlas luego lucrativamente, ha sido suplantada hoy por las transnacionales, por las grandes fábricas alimenticias, por el mercadeo globalizado y por la moda impuesta.
Podría uno pensar que es fácil romper con la cadena del consumo artificioso; pero la realidad es que la misma no se ve y que esclaviza al hombre de manera tan cercana e íntima, que desconoce por completo que la carga.
El afamado pensador moderno Yuval Harari considera que el asiento mismo de los sentimientos es solo biológico en el hombre; como, del verbo comer, luego existo y luego siento.
Pero le faltó tal vez considerar que, para el hombre moderno, hasta los sentimientos son dictados ya por el orden del consumo, con publicidad que se diseña en los laboratorios más oscuros de conducta, logrando así aferrarse y aflorar la parte más sentimental de aquellos que consumen.
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De modo que antes de la biología del sentimiento, existe hoy en realidad una biología de consumo y todos somos presas inconscientes de ella.
Abogado.
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