Análisis
Periodistas asesinados, cronología de terror y muerte
Publicado 2018/04/17 00:00:00
- Miguel Ángel Sánchez Ávila [email protected]
Es evidente que esta pasión lleva al periodista a omitir sus riesgos y, en muchas ocasiones, acariciarle el rostro a la muerte. Mi homenaje y respeto a todos los colegas mártires del periodismo.
No habían transcurrido las 11:00 a.m., cuando Eduardo Quiroz, quien moderaba el primer panel en la Reunión de Medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que se desarrollaba en Medellín- Colombia, con voz quebrantada y evidente emotividad en su rostro, nos informó a los participantes la lamentable noticia: “Me comunican que los tres periodistas ecuatorianos secuestrados fueron asesinados”. Tengo que confesar que no pude evitar la conmoción, al igual que muchos de los presentes, la tristeza me abordó. Al mirar a mi alrededor, pude observar lágrimas en muchos rostros, en su mayoría mujeres. Más temprano, ese 13 de abril, en una entrevista que le realizara a Ricardo Trotti, director ejecutivo de la SIP, me confirmaba que desde la última reunión de esta organización, celebrada a finales de octubre el pasado año en Salt Lake City- Estados Unidos, a la fecha, ya se habían registrado 11 periodistas asesinados en Latinoamérica. Cuatro de ellos en México, dos en Brasil, dos en Guatemala, uno en El Salvador, otro en Honduras y el último en Colombia. También me confirmó que, desde mediados del mes de marzo de 2018, un periodista haitiano permanece desaparecido. Con la muerte de los compañeros periodistas del diario El Comercio de Quito, Ecuador: el reportero Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor y Efraín Segarra, la cifra de víctimas aumenta a 14.
Desde que el mundo conoció la noticia del secuestro de estos comunicadores sociales, los medios de comunicación debatían sobre el tema. En algunos programas televisivos, periodistas consideraban la necesidad de establecer un protocolo de seguridad para los periodistas. Pero, ¿quién es responsable de establecer este protocolo de seguridad para los periodistas? Algunos opinan que son los gobiernos de cada país, otros que los medios de comunicación y otras personas opinan que el periodista debe ser responsable de cómo desarrolla su trabajo y de los riesgos que conlleva. Obviamente, para nada estoy de acuerdo con esta última posición. Lo terrible es que todo queda en los debates. No existen acciones concretas.
Lo cierto es que durante la reunión de la SIP del pasado año, los dueños de los medios de comunicación y los representantes de cada país, en sus informes daban a conocer los detalles de los atentados contra la libertad de expresión y narraban los hechos de los asesinatos de los periodistas, que hasta ese momento sumaban 18 víctimas. Entonces, debemos preguntarnos ¿qué han hecho los medios de comunicación para proteger y prevenir los riesgos de sus periodistas? No obstante, los pronunciamientos y proclamas no se hacen esperar. Con textos conmovedores y de repudio, cada gremio periodístico condena los actos de agresión y muerte.
Existen algunos países como Colombia, por ejemplo, que si mantienen leyes y protocolos de seguridad para los periodistas. Pese a esto, los asesinatos continúan. Ahora bien, pensemos en aquellos países que ni siquiera cuentan con una ley de periodismo que brinde las condiciones laborales mínimas para el periodista. Estos países, como Panamá, por ejemplo, mucho menos se preocupan por la seguridad y la integridad física de los periodistas.
Mucho antes de la entrevista y de la lamentable noticia, conversando con el maestro Javier Darío Restrepo, experto en ética periodística, catedrático de la Universidad de los Andes, conferencista en temas de comunicación social y ganador de diversos premios nacionales de prensa, me decía que “existe una crisis financiera en el periodismo y los malos salarios tienta al periodista a caer en situaciones difíciles como el soborno, sin embargo, el periodista es apasionado y esa pasión subordina las otras necesidades”. Es evidente que esta pasión lleva al periodista a omitir sus riesgos y, en muchas ocasiones, acariciarle el rostro a la muerte. Mi homenaje y respeto a todos los colegas mártires del periodismo.
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