Estrategia
Necesidad de un plan decenal en la educación panameña
- José A. Guilbauth (Catedrático universitario)
Cada vez que se inicia un año escolar en Panamá, los medios de comunicación y sobre todo los componentes del acto didáctico inician protestas por la situación en la que se encuentran las instalaciones, nombramientos, recursos y transportes colegiales y la falta de condiciones para el inicio de un nuevo año escolar. Es así como se dan movimientos de paros, protestas y malestares en todos los sectores que configuran el sector educativo, hasta producirse un verdadero caos. Esta situación no es novedosa, la venimos viviendo hace más de cinco décadas y como educador y docente universitario nos hacemos la pregunta obligada: ¿Qué hacen los gobiernos para prevenir las molestias y sinsabores de educadores, padres de familia y estudiantes, al no encontrar listos los escenarios básicos para iniciar un nuevo año escolar? Propongo que las medidas, además de sencillas, deben estar llenas de deseos de mejorar en realidad toda la infraestructura que acompaña al sector educativo. Proponemos que se diseñe, elabore y respete un “Plan decenal para el sector educativo panameño”, en donde las metas, basadas en proyectos, sean a corto, mediano y largo plazo, de tal manera que los resultados sean eficientes y la calidad del contexto educativo sea muy acogedora para cada año escolar que se inicia. Aunque los periodos presidenciales sean de cinco años, debe inspirar la vocación y el deseo de que nuestro sistema educativo sea eso, un sistema que no se irrumpe cada cinco años o cada vez que se cambia a un titular del ramo educativo, sino un sistema cíclico que debe dar continuidad a grandes, pequeños y, sobre todo, una evaluación sistémica de todos los elementos del acto didáctico. Ese ruido de las protestas, paros y la falta de mantenimiento y preparación de centros educativos solo representa la falta de elementos físicos, de la parte tangible es decir ”infraestructuras”, y nos preguntamos nosotros, ¿dónde están los currículos adecuados, los recursos por niveles y, sobre todo, la preparación sostenida del docente y padres de familia en el gran compromiso de la educación de sus hijos? Mediante dos periodos presidenciales, es factible elaborar planes de mantenimiento preventivo a todos los centros, construir nuevas escuelas, evaluar el currículo sistemáticamente y el producto más importante del sistema, el alumno configurado con las competencias que las empresas, industrias e instituciones de la sociedad actual y del futuro exigen para que su producción sea eficiente.
Para diseñar y elaborar un “Plan decenal de la educación panameña”, debe imperar la buena fe, la voluntad pedagógica, el conocimiento de la realidad educativa panameña, el manejo de un presupuesto real, una planificación prospectiva, la evaluación educativa sistemática, el conocimiento y manejo de tecnologías educativas emergentes en la resolución de problemas y procesos de aprendizaje que llevan a la eficiencia de resultados exitosos en cada instancia en la que un egresado del sistema participe como profesional con alto desempeño laboral. En la educación no cabe el amiguismo ni la política, debe imperar el gran deseo de valorar lo existente, mejorarlo si es posible y crear aquellos proyectos que elevarán el nivel competitivo del elemento más importante del sistema, el estudiante panameño.
Los 700,000 alumnos que atiende el sistema educativo panameño hoy día y el 1,200.00 dentro de 10 años, no tienen tiempo para esperar que pongan un baño, que compren más bancas, que coloquen la energía eléctrica, que compren pizarras digitales, que adquieran un satélite para la educación, que compren al menos plataformas virtuales, que la educación a distancia llegue a la cordillera, a que los internados en las comarcas sean un ejemplo internacional, que la televisión sea educativa no recreativa, que la evaluación sea un recurso para la retroinformación y ajuste de medidas que fortalezcan las acciones de cualquier proyecto. Las innovaciones educativas y los nuevos perfiles de profesionales así como el entrenamiento de los procesos cognitivos llevarán al docente y al alumno panameño a que su trabajo sea productivo y eficiente. El ingreso de tanto inmigrante a Panamá es producto de esa débil preparación académica del estudiante panameño.
En 10 años, la sociedad no aceptará el pobre perfil de los profesionales panameños, ni la excusa que no había presupuesto, que no había tiempo, que no eran parte de un plan de gobierno o que no participaron en su elaboración.
Por tal motivo, todos los entes que de una u otra forma participamos en la formación de los profesionales de hoy 2015 hasta el 2025, empecemos a disminuir cada año la improvisación, la falta de prevención y las excusas de un país que tanto requiere de sus recursos humanos en la solución de sus grandes problemas sociales, educativos, políticos y sobre todo en el perfil de ciudadanos con valores y aptitudes para producir y convertir a la comunidad en un medio de prosperidad y pleno desarrollo socioeconómico en un país competitivo y exitoso, digno de imitar. Un plan decenal en la educación panameña es urgente, mañana es tarde.
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