Luzmila: “Maestra de maestras”
Publicado 2007/03/05 00:00:00
- Redaccion
Sus realizaciones en el ámbito panameño trascendieron las fronteras patrias..
AUNQUE abstraído como estoy en la vivencia de la pérdida de Luzmila, el caudal y el sentido de los testimonios de cariño, amistad y solidaridad, me impiden olvidar que ella no sólo fue mi esposa y la madre de mis hijos, ya que se desempeñó en muchos ámbitos de la esfera nacional.
Antes de hilvanar algunas reflexiones alrededor de Luzmila, debo decir que nos casamos por compartir serias preocupaciones sociales, y singularmente porque ella me respondió positivamente el cuestionamiento bíblico referente a ¿quién es una mujer completa, y quién la encontrará? Yo la encontré. Luzmila respondió a la medida del Libro de los Proverbios (31, 10-31). "Abría su boca con sabiduría y una lección de amor había en su lengua. Alargaba su palma al desvalido y tendía sus manos al pobre. Al sentir que iba bien su trabajo, no se apagaba por la noche su lámpara. Muchas mujeres hicieron proezas, pero ella las superaba a todas!".
Luzmila, movida por una vocación natural, enmarcada entre lo humano y lo divino, siendo apenas una adolescente, escogió el apostolado del Magisterio cuando optó por alcanzar el diploma de Maestra de Primera Enseñanza que le otorgó la Escuela Normal de Institutoras dirigida por la Dra. Esther Neira de Calvo.
Con el nimbo de la docencia ingresó a la Escuela de Enfermería del Hospital Santo Tomás. Su carrera quedó consagrada al graduarse de Enfermera y entrar en servicio activo como Enfermera de Sala Hospitalaria en esa legendaria institución, y luego al habilitarse como Enfermera Visitadora de Salud Pública con énfasis en Asistencia de Salud Materno-Infantil en los barrios pobres de la capital, singularmente en Malambo, El Chorrillo, El Marañón y algunos sectores de población rural aledaños a las ciudades terminales del Canal de Panamá.
Su vocación espiritual y profesional de servicio a la educación, a la enfermería y a la humanidad, la profundizó a través de sus estudios en el Programa de Salud Pública de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Toronto, Canadá, y luego al obtener en línea ascendente los títulos de Licenciada en Ciencias de Enfermería en "Frances Payne Bolton School of Nursing", Western Reserve University, Cleveland, Ohio; y años más tarde en el Teachers College de la Universidad de Columbia en Nueva York, que le otorgó los grados de Master en Artes, Master en Educación y Doctora en Educación, habiendo merecido en 1981 la designación de Miembro de la Sociedad de Honor Educativa: Kappa Delta Pi. De esa época data su tesis doctoral sobre el Programa de Estudios para la atención primaria de Enfermería en la República de Panamá.
Entre sus logros profesionales figura haber sido Enfermera Jefe responsable por la organización de los Servicios de Enfermería de la Clínica Hospital San Fernando; elegida Presidenta de la Asociación Nacional de Enfermeras de Panamá, en dos ocasiones, en las décadas de 1950 y de 1960. Su alta capacidad en el campo de la Enfermería le mereció la distinción de ser nombrada Miembro del Comité de Expertos de Enfermería de la Organización Mundial de la Salud, Ginebra, Suiza en tres períodos entre 1952 y 1988. Se desempeñó además como Supervisora de los Programas Nacionales de Enfermería del Ministerio de Salud y como resultado de su experiencia, escribió el libro "La Enfermera, su Educación y Funciones en los Programas de Salud de la República de Panamá".
Como dueña de esa experiencia, se desempeñó como Enfermera Jefe del Centro de Exámenes Físicos del Hospital Gorgas, que tenía que ver con el estado de salud de los trabajadores del Canal. Sus realizaciones en el ámbito panameño trascendieron las fronteras patrias y dieron lugar a que se proyectara internacionalmente en posiciones que le fueron asignadas, a nivel regional, por la Organización Panamericana de la Salud; y a nivel mundial por la Organización Mundial de la Salud, habiendo servido como consultora de ambas organizaciones.
Entre otras honrosas designaciones recaídas en la Dra. Illueca, figuran su elección como miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Internacional de Enfermeras Oncológicas, con sede en Londres, Inglaterra (1985) y miembro del Grupo de Trabajo de las Escuelas de Enfermería de las universidades de Centroamérica y Panamá sobre tendencias en Educación en Enfermería para la década de 1990. Fue, además, Secretaria de la Federación Panamericana de Enfermeras y miembro de la Comisión de Enseñanza de Nutrición de la Unión Internacional de Ciencias de la Nutrición.
El bien cimentado prestigio de la Dra. Luzmila Teresa Arosemena de Illueca dio lugar a que fuese elegida en 1983, en Nueva York, la "Mujer del Año" por la Liga de Mujeres de todas las Naciones, en homenaje a su contribución en el campo histórico y cultural, que coincidió el mismo año con la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que me tocó ser elegido para presidir. A este respecto, no me sonroja afirmar que Luzmila es la única mujer panameña que fue Primera Dama de la República cuando fui Presidente de la Nación; Primera Dama del Mundo cuando fui elegido Presidente de las Naciones Unidas; pero más que nada fue la Dama de la Lámpara Universitaria, la Primera Dama de mis afectos, la Primera Dama de mi corazón, la Primera Dama de mis ideales, la Primera Dama de los mejores sentimientos de la humanidad.
La Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá la consagró como una de las 100 Mujeres del Centenario al celebrarse esta efeméride el 3 de noviembre del 2003.
Luzmila partió definitivamente el último domingo de un febrero lleno de luz y de esplendor. Fue mi novia durante once lustros de feliz matrimonio. Al principio me cautivó porque era la mujer completa del Libro de los Proverbios; porque era la gracia encarnada de cuerpo y espíritu. Tenía una curiosidad atenta a todo lo que pasaba a su alrededor y más lejos. Parecía siempre capaz de adivinarlo todo, de esperarlo todo, hasta de tomar, cuando era necesario, distancia de todo. Podía hablar de todo y con todos; desmentía la creencia de que en ciertos círculos, en ciertos temas, en ciertas circunstancias, las mujeres o no sabían o no podían o no querían hablar.
Luzmila, mi esposa, era una gran dama de la que siempre me sentí orgulloso, con la que viví plenamente, y a cuya memoria consagraré buena parte de lo que el destino me depara como porvenir.
Junto con mis hijos y mis nietos, repito a todos los que nos acompañaron y nos acompañan en estos días sin Luzmila, nuestro agradecimiento por sus gestos y sus palabras, con todo el corazón
Antes de hilvanar algunas reflexiones alrededor de Luzmila, debo decir que nos casamos por compartir serias preocupaciones sociales, y singularmente porque ella me respondió positivamente el cuestionamiento bíblico referente a ¿quién es una mujer completa, y quién la encontrará? Yo la encontré. Luzmila respondió a la medida del Libro de los Proverbios (31, 10-31). "Abría su boca con sabiduría y una lección de amor había en su lengua. Alargaba su palma al desvalido y tendía sus manos al pobre. Al sentir que iba bien su trabajo, no se apagaba por la noche su lámpara. Muchas mujeres hicieron proezas, pero ella las superaba a todas!".
Luzmila, movida por una vocación natural, enmarcada entre lo humano y lo divino, siendo apenas una adolescente, escogió el apostolado del Magisterio cuando optó por alcanzar el diploma de Maestra de Primera Enseñanza que le otorgó la Escuela Normal de Institutoras dirigida por la Dra. Esther Neira de Calvo.
Con el nimbo de la docencia ingresó a la Escuela de Enfermería del Hospital Santo Tomás. Su carrera quedó consagrada al graduarse de Enfermera y entrar en servicio activo como Enfermera de Sala Hospitalaria en esa legendaria institución, y luego al habilitarse como Enfermera Visitadora de Salud Pública con énfasis en Asistencia de Salud Materno-Infantil en los barrios pobres de la capital, singularmente en Malambo, El Chorrillo, El Marañón y algunos sectores de población rural aledaños a las ciudades terminales del Canal de Panamá.
Su vocación espiritual y profesional de servicio a la educación, a la enfermería y a la humanidad, la profundizó a través de sus estudios en el Programa de Salud Pública de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Toronto, Canadá, y luego al obtener en línea ascendente los títulos de Licenciada en Ciencias de Enfermería en "Frances Payne Bolton School of Nursing", Western Reserve University, Cleveland, Ohio; y años más tarde en el Teachers College de la Universidad de Columbia en Nueva York, que le otorgó los grados de Master en Artes, Master en Educación y Doctora en Educación, habiendo merecido en 1981 la designación de Miembro de la Sociedad de Honor Educativa: Kappa Delta Pi. De esa época data su tesis doctoral sobre el Programa de Estudios para la atención primaria de Enfermería en la República de Panamá.
Entre sus logros profesionales figura haber sido Enfermera Jefe responsable por la organización de los Servicios de Enfermería de la Clínica Hospital San Fernando; elegida Presidenta de la Asociación Nacional de Enfermeras de Panamá, en dos ocasiones, en las décadas de 1950 y de 1960. Su alta capacidad en el campo de la Enfermería le mereció la distinción de ser nombrada Miembro del Comité de Expertos de Enfermería de la Organización Mundial de la Salud, Ginebra, Suiza en tres períodos entre 1952 y 1988. Se desempeñó además como Supervisora de los Programas Nacionales de Enfermería del Ministerio de Salud y como resultado de su experiencia, escribió el libro "La Enfermera, su Educación y Funciones en los Programas de Salud de la República de Panamá".
Como dueña de esa experiencia, se desempeñó como Enfermera Jefe del Centro de Exámenes Físicos del Hospital Gorgas, que tenía que ver con el estado de salud de los trabajadores del Canal. Sus realizaciones en el ámbito panameño trascendieron las fronteras patrias y dieron lugar a que se proyectara internacionalmente en posiciones que le fueron asignadas, a nivel regional, por la Organización Panamericana de la Salud; y a nivel mundial por la Organización Mundial de la Salud, habiendo servido como consultora de ambas organizaciones.
Entre otras honrosas designaciones recaídas en la Dra. Illueca, figuran su elección como miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Internacional de Enfermeras Oncológicas, con sede en Londres, Inglaterra (1985) y miembro del Grupo de Trabajo de las Escuelas de Enfermería de las universidades de Centroamérica y Panamá sobre tendencias en Educación en Enfermería para la década de 1990. Fue, además, Secretaria de la Federación Panamericana de Enfermeras y miembro de la Comisión de Enseñanza de Nutrición de la Unión Internacional de Ciencias de la Nutrición.
El bien cimentado prestigio de la Dra. Luzmila Teresa Arosemena de Illueca dio lugar a que fuese elegida en 1983, en Nueva York, la "Mujer del Año" por la Liga de Mujeres de todas las Naciones, en homenaje a su contribución en el campo histórico y cultural, que coincidió el mismo año con la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que me tocó ser elegido para presidir. A este respecto, no me sonroja afirmar que Luzmila es la única mujer panameña que fue Primera Dama de la República cuando fui Presidente de la Nación; Primera Dama del Mundo cuando fui elegido Presidente de las Naciones Unidas; pero más que nada fue la Dama de la Lámpara Universitaria, la Primera Dama de mis afectos, la Primera Dama de mi corazón, la Primera Dama de mis ideales, la Primera Dama de los mejores sentimientos de la humanidad.
La Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá la consagró como una de las 100 Mujeres del Centenario al celebrarse esta efeméride el 3 de noviembre del 2003.
Luzmila partió definitivamente el último domingo de un febrero lleno de luz y de esplendor. Fue mi novia durante once lustros de feliz matrimonio. Al principio me cautivó porque era la mujer completa del Libro de los Proverbios; porque era la gracia encarnada de cuerpo y espíritu. Tenía una curiosidad atenta a todo lo que pasaba a su alrededor y más lejos. Parecía siempre capaz de adivinarlo todo, de esperarlo todo, hasta de tomar, cuando era necesario, distancia de todo. Podía hablar de todo y con todos; desmentía la creencia de que en ciertos círculos, en ciertos temas, en ciertas circunstancias, las mujeres o no sabían o no podían o no querían hablar.
Luzmila, mi esposa, era una gran dama de la que siempre me sentí orgulloso, con la que viví plenamente, y a cuya memoria consagraré buena parte de lo que el destino me depara como porvenir.
Junto con mis hijos y mis nietos, repito a todos los que nos acompañaron y nos acompañan en estos días sin Luzmila, nuestro agradecimiento por sus gestos y sus palabras, con todo el corazón
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