El suceso más grande
- Mons. Rómulo Emiliani cmf.
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Todos los actos de Dios son grandes, sublimes, únicos, sobrenaturales y de efectos benéficos para la humanidad y glorifican el nombre de Dios. Todos los actos de Dios son esencialmente buenos. Pero si meditamos en todo lo que ha hecho Dios, sorprende por su magnitud, impacto y grandiosidad la Encarnación del Verbo. La creación del universo es impresionante: millones de galaxias que contienen a su vez millones de estrellas, que se sigue extendiendo a velocidades asombrosas y ocupando espacios inimaginables nos hablan del poder infinito de Dios. Pero en la Encarnación del Verbo se nos habla de ese poder absoluto y eterno de Dios, pero también del infinito amor de Dios hacia el ser humano. Imagínese usted a un multimillonario que deje toda su riqueza y se haga pordiosero por su amor a los pobres; o que un médico termine tuberculoso por su amor a los enfermos de esa dolencia; o que un rey se despoje de su trono y se case por amor con una plebeya y se vaya a vivir con ella a un barrio pobre; Esto nos hace una idea de lo que hizo Dios por amor al encarnarse. Se sabe que cuando uno ama tiende a identificarse con la gente que ama. A correr su misma suerte. A vivir y sufrir lo que experimentan esas personas. Eso pasó con el padre Damián en las islas Molukai cuando se internó allí con los leprosos a servirles como médico. Al final adquirió la lepra. Eso ha pasado con muchos misioneros en la historia de la Iglesia que han dejado sus tierras para siempre y se han internado en las selvas para vivir el resto de sus vidas con los indígenas.
En cuanto al misterio de la Encarnación del Verbo, tanto amó Dios al mundo, al ser humano, que quiso identificarse totalmente con la persona humana, que se hizo hombre en la segunda persona de la Santísima Trinidad, asumiendo toda la realidad humana menos el pecado. Esto implicó seguir todo el proceso del embrión humano en el seno de una mujer. Nacer con la vulnerabilidad real y total del bebé que depende en todo de sus padres. Seguir el desarrollo normal de un niño a nivel biológico, psíquico y espiritual, aprendiendo como todos a caminar, hablar, rezar, conocer de las Escrituras, un oficio, las leyes propias del lugar. Trabajó la carpintería con la dirección de San José. De adulto sabemos que llevó la buena nueva del Reino, fue perseguido, ultrajado y asesinado por ser fiel al Padre. Era Dios pero como hombre sufrió, lloró, se cansaba, tuvo hambre, sed, fue tentado por el diablo. Y pasó por la muerte. En verdad el Verbo se hizo carne por amor a nosotros. Es un auténtico milagro de amor.
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