El estado fallido
- Silvio Guerra Morales
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Si hay algo en la vida de una persona que atosigue la inteligencia y el espíritu, no será otra cosa que la incertidumbre. Ella es la madre del desasosiego y de los desaciertos. Como mal orientadora, ella la incertidumbre, empuja a los hombres tomar decisiones erráticas o fallidas. Y cuando al fragor del desacierto se toman esas decisiones, advienen los fracasos. No hay lugar al éxito.
Así también suele suceder en los gobiernos de las naciones. La incertidumbre conduce o empuja a la adopción de medidas plagadas planes y programas fallidos. No por gusto a nivel de la ciencia política se ha acuñado la expresión del "estado fallido". ¡Qué triste cosa habrá de ser eso del "estado fallido"¡ Recuerdo, para mejor ilustración, aquellos años, en la edad de mi niñez, que solíamos jugar con pistolitas de "trique traque". Corríamos a la tienda del chinito Livá (Obviamente que no se escribiría así correctamente, pero así sonaba, debería ser, de pronto, Lee Fang), a comprar las cintas de trique traque. Enojo supremo cuando las dañábamos con el sudor de nuestras manos o que se mojara el rollo de la cinta. Simplemente, acontecía que no traqueaba, no explotaba el sello o pegote de pólvora que contenía, en pequeños puntos, a lo largo, la cinta. El juego se tornaba aburrido y mucho enojo que nos causaba. Pero si la cinta estaba seca, bien seca, poníamos el rollito en el interior de la recámara de la pistolita y nos lanzábamos a jugar con todas las ganas.
Así mismo sucede con el Estado Fallido. Ante su existencia, notamos que se apodera o posesiona de los seres humanos, los gobernados, un desaliento y una tristeza sin parangones al advertir que, en el Estado, las cosas no están marchando bien y que la toma de decisiones o las políticas, cualesquiera sean, terminan en el fracaso y, simplemente, no dan los resultados esperados. Y ello tiene su explicación: Es porque las políticas están huecas de sentido, contenido y alcance, huérfanas de visión social.
El problema de estas políticas, igualmente fallidas, como indiqué al inicio, es que conllevan el desasosiego, al despiste, y surgen, dentro de la población, elaboraciones extrañas y sospechosas, a las cuales no podemos culpar, respecto a la que realmente pase o no dentro del Estado o del gobierno. El pueblo, sus hombres y sus mujeres, tienen todo el derecho a conjeturar. Muchas de esas elaboraciones, propias de la conjetura (Un viejo profesor, el Dr. Miguel Ángel Ciuro Caldani, solía decirnos que la conjetura es un derecho y pertenece al ámbito de la filosofía), terminan siendo reales y más preocupante es que nadie en el gobierno, antes de que se conozca que son verdades o mentiras, las desmienta o al menos salga a esclarecer.
Varias conjeturas corren ya en nuestro país, por los pasillos y en las redes sociales: 1. Que aproximadamente 15 mil soldados de Estados unidos ya están en Panamá; 2. Qué helicópteros y aviones de guerra de los Estados unidos se encuentran en nuestro territorio; 3. Que ya opera una base gringa en Darién, 4. Que si los gringos ya están en la administración del Canal de Panamá, etc. Todo esto es especial y peligroso.
Nada tenemos por cierto, pero tampoco por falso. Simplemente, estamos relegados al escenario de la incertidumbre. Es ese caldo de cultivo en donde la semilla de la conjetura encuentra tierra fértil para germinar. Pero el gobierno debe, a cada conjetura de esta naturaleza, salir al paso y esclarecer, despejar toda duda e incertidumbre.
La voz de los gobernantes, siempre ha sido así, se tiene como la comunicación oficial y ella ostenta características de presunta veracidad y legitimidad. Ay de los gobernantes que comunican al pueblo una mentira y resulta que es lo contrario.
Pero, aclaramos, se requiere, por parte de las altas autoridades, que salgan a esclarecer todo aquello que encierre una mentira y a sostener lo que pueda ser, efectivamente, una verdad. No se puede dejar al pueblo en la incertidumbre, porque la semilla de la conjetura seguirá germinando y ensanchándose como la dormidera en los suelos que se propaga y ningún fruto bueno da.
Ningún gobierno puede gobernar de espaldas al pueblo. Jamás. El pueblo tiene todo el derecho a saber y a conocer lo que sucede, más cuando se trata de soberanía y de dignidad nacional. ¡Allí, en esos aposentos sagrados, siempre encontrarán al pueblo hermanado y dispuesto a defender, así sea hasta con nuestra propia sangre, como ya lo registra nuestra propia historia, a nuestra amada Madre Patria!.
¡Dios bendiga a la Patria!
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