Panamá
¿Dónde estás Señor?
Que no dejaría de amarlo nunca. Que lo amaría siempre, en todo momento, con la total seguridad de que nunca le faltará ese amor. El ser humano necesita a alguien que lo ame con un amor eterno, que abarque todo su ser, mente, espíritu y cuerpo, que llegue a todas las células de su organismo; que lo ilumine, lo reavive, lo fortalezca, la pacifique, lo enternezca, lo mantenga en armonía plena. Un ser que lo ame de manera incondicional. Que lo proteja, que lo purifique totalmente, que le brinde su perdón vivificador.
No hay nada ni nadie de este mundo que pueda darle al ser humano lo más mínimo de todo lo que hemos descrito de lo que es el amor de Dios. El gran drama humano consiste en buscar desesperadamente el amor divino en las diversiones, modas, dinero, placeres de la carne, vicios, y en cualquier cosa material. Al final el vacío, la desesperación, la frustración, la desilusión. Sólo Dios llena y salva. Las idolatrías vienen como espejismos que aparecen engañando a la gente. Y traen consecuencias nefastas para la humanidad. Sólo veamos la orgía de sangre y muerte, trastornos mentales, desgracias familiares, problemas sociales, que provoca el consumo de drogas y el negocio nefasto y criminal que mueven tantos millones y millones. El narcotráfico es una maldición para la humanidad. Pues así pasa con el alcoholismo, los juegos de azar, el tabaco y todos los vicios. El asunto es que toda esta basura quiere ocupar el lugar de Dios, y muchísima gente cae en la trampa de sus seducciones y terminan en un infierno. Jesús nos ofrece un camino de liberación y salvación; nos regala la vida eterna, el cielo que es Dios mismo. Aceptémoslo como nuestro Señor y Salvador.

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