La COVID-19 y su impacto en la mujer
Si la mujer deja de trabajar indefinidamente, colapsan los sistemas de pensiones, y esta se vuelve una carga para el Estado; en cambio si regresa, percibe un salario, paga impuestos y la economía mejora.
Si la mujer deja de trabajar indefinidamente, colapsan los sistemas de pensiones, y esta se vuelve una carga para el Estado; en cambio si regresa, percibe un salario, paga impuestos y la economía mejora.
La crisis elevó la demanda de los servicios de cuidados, donde las mujeres son las encargadas por mayoría. En el 2019, las mujeres representaron el 76% de la fuerza laboral en el sector social y de salud. Foto: EFE.
La situación actual por la pandemia de la COVID–19 provocó la implantación de medidas de aislamiento y cuarentena total, beneficiándonos con la disminución de los contagios, la regeneración de la naturaleza, y el aumento de la creatividad.
Sin embargo, a pesar de que estas medidas han sido buenas, sus efectos no son neutrales, produciendo impactos específicos sobre la mujer que empeoró la desigualdad de género, y aumentó los índices de pobreza y violencia doméstica.
La crisis elevó la demanda de los servicios de cuidados, donde las mujeres son las encargadas por mayoría. Por un lado están los pagados como: empleadas domésticas, servicios de limpieza, enfermería, centros de ayuda, doctores y otros.
En Panamá, en el 2019, las mujeres representaron el 76% de la fuerza laboral en el sector social y de salud, y en el 2020 las enfermeras superan el 90%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC); además, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para América Latina, el 57% de los doctores son mujeres y 9 de cada 10 profesionales son enfermeras.
Por el otro lado están los servicios de trabajo no pagados como: tareas dentro del hogar, ayuda comunitaria, y otros. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres representan el 76,2% de todas las horas del trabajo de cuidado sin paga, el triple que los demás, y con la pandemia se aumentó mucho más su participación en comparación con los hombres, siendo las más propensas al riesgo de contagio del virus.
Las mujeres absorbieron de forma natural los nuevos roles impuestos por la pandemia; la hizo sentir responsable de la maternidad, los cuidados y del bienestar ajeno, lo que me resulta discriminatorio, ya que está sobrecargada de trabajo, por una parte, y está desaprovechando lo que puede aportar, por la otra, que es mucho más que el cuidado de la familia.
Además, a pesar de que las mujeres están trabajando más, siguen siendo más pobres que los hombres, y esto se da por diversos temas como: son amas de casa, realizan trabajos menos complejos, la discriminación indirecta, la presencia escasa en puestos de liderazgo y de alto nivel, algunos de sus trabajos están mal pagados, se dedican a la economía informal, los roles de género, donan su tiempo y los roles de padre-madre.
Sin embargo, con la pandemia se suma el desempleo por el cierre de empresas, la imposibilidad económica y la postura permanente del cierre de escuelas. Una de las áreas más afectadas, ha sido la hotelería y el turismo, donde las mujeres representan el 63% de la fuerza laboral, según la ministra del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), María Inés Castillo de Sanmartín.
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Probablemente, muchas mujeres no regresarán a la vida laboral, ya sea por el miedo de contagio, el cuidado de sus familiares enfermos, la disminución del ingreso familiar o el cierre de los colegios. Incluso hay algunas que han reconocido la necesidad del tutor como apoyo en la educación virtual de los hijos y han decidido sacrificar su futuro por estos.
Si la mujer deja de trabajar indefinidamente, colapsan los sistemas de pensiones, y esta se vuelve una carga para el Estado; en cambio si regresa, percibe un salario, paga impuestos y la economía mejora.
Por último, debido al estrés adicional que crea el confinamiento, es probable que se hayan incrementado los índices de violencia doméstica; según el estudio de la ONU, antes de la pandemia, ya existían más de 243 millones casos de mujeres y niñas y se espera que estas cifras aumenten.
Según las estadísticas del Ministerio Público de Panamá, hasta septiembre de este año, se han registrado 11,006 casos, y en comparación con el año pasado que fueron 12,926, a la misma fecha, da tal vez la ilusión de que la situación ha mejorado; sin embargo, no hay cifras correctas actualmente, debido a que muchas no las han reportado, y es importante ponerle extrema atención en los próximos meses, ya que conocerlas nos permitirá evaluar el bienestar, la salud mental y la capacidad de liderar de esas mujeres y niñas afectadas.
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Estos hechos han puesto en evidencia la dependencia que la sociedad tiene en las mujeres y han demostrado que los problemas en materia de igualdad son más mentales que legales, llevándome a cuestionarme lo siguiente: ¿La forma de vida que llevamos, en referencia a los patrones de desigualdad de género, es la adecuada?
Los invito a buscar la manera de aportar un granito de arena para transformar la situación actual de la mujer, de manera que nuestra sociedad pueda llegar a ser más fuerte que el virus.
Para denuncias el Instituto Nacional de la Mujer, habilitó una línea de ayuda al Tel. 182/323-3281. Y la Caja de Seguro Social (CSS), al 253-6075.
Estudiante de Maestría de la UIP.
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