Borrador del nuevo turismo
- Jaime Figueroa Navarro
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- opinion@epasa.com
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Dos viceministerios encajan justo bajo la cabeza. El primero, de turismo interior, responsable por promover el desarrollo de las zonas turísticas nacionales, pero no con lo que hay, sino con lo que hace falta desarrollar.

A gritos exige la cartera de turismo la plena atención del gobierno entrante como lo que merece ser, la industria que, a pesar de sus graves flaquezas por el continuado eclipse de liderazgo y planificación, sigue siendo la fuente de mayores ingresos al fisco, sobrepasando aquellos del Canal.
Ante todo, clama en sus puestos claves ejecutivos del mayor nivel de profesionalismo, sobrellevando intereses partidistas y particulares. Visionarios plurilingües corridos en los pasillos de las más prestigiosas multinacionales, viajeros frecuentes con mínimo medio centenar países recorridos. Dirigentes con capacidad de comparar, absorber e implementar en el patio los mejores hábitos de cada pueblito, entorno o ciudad de allende con savia de éxito turístico.
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Apremia el Ministerio de Turismo una integra reestructuración, eliminando el cebo y las botellas. Solo hacen falta unas muy limitadas decenas de eruditos, menos de un centenar, del más alto nivel bajo una administración por objetivos sumamente estricta, que no permita excusas ni coletillas por el fracaso. Y objetivos agresivos, póngase como ejemplo la meta de 10 millones de turistas anuales al 2025. Porque el turismo istmeño tiene ese potencial, pero nos damos el lujo de no lograrle por falta de visión, firmeza y nortes claros.
Dos viceministerios encajan justo bajo la cabeza. El primero, de turismo interior, responsable por promover el desarrollo de las zonas turísticas nacionales, pero no con lo que hay, sino con lo que hace falta desarrollar.
Cito como ejemplos, la plena reconstrucción de la ciudad colonial de Panamá La Vieja como monumental atractivo turístico que complemente la oferta del Casco Viejo e ilustre al visitante el espíritu y vida en la época de la colonia en el primer asentamiento del Pacífico del continente y aquel de mayor relevancia, porque nadie le llegaba a los talones a esa cardinal urbe que vilmente destruyeran Morgan y sus corsarios a los albores de 1671. Un galeón restaurante podría servir como su genial ancla.
Desde el Puente del Rey, la reconstrucción del Camino Real hasta Portobelo, trazando la Ruta del Oro, donde circuló la mayor cantidad del preciado metal en la historia del mundo, un peregrinaje histórico que penetra el verdor ecológico del istmo, matando dos pájaros de un tiro, pudiendo fácilmente sobrepasar, duplicar, multiplicar las cifras del Camino de Santiago de Compostela que el año pasado gozó de 327,000 peregrinos, porque el nuestro es más bonito y más corto.
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Olvidemos la vecina Costa Rica y los destinos caribeños de sol y playa, ninguno tiene la relevancia del cerro Pechito Parao, allá en el Darién, desde cuya cima el Adelantado Balboa divisa el Mar del Sur, el descubrimiento más importante de la historia, sobrepasando el de Colón, al abrir el verdadero compás del comercio global. Por qué Panamá no le ha explotado, porque los chicos de escuela no le visitan, demuestra nuestra ignorancia de lo que somos y lo que podemos ser en turismo.
El segundo viceministerio, turismo exterior. Que muy de vez en cuando asiente pies en el istmo su titular. Responsable por el desarrollo de mercados existentes. Un tipo que pueda rellenar cada uno de los estados de Estados Unidos al proveerle un mapa en blanco. Que domine el inglés mejor que ellos. Que les visite, que les frecuente y que sea un experto en milennials, en jubilados y todo lo que yace entre estos. Porque por su proximidad y lazos históricos más del 50% de los turistas provienen de allí y de Canadá. Y que también desarrolle nuevos mercados en Europa y Oriente, a través de agregados de turismo en embajadas claves.
En síntesis, dejar a un lado los burdos tanteos de cada 5 años, que si fulanito del partido tal, que si la hermana del legislador, que si el recomendado del amiguito. Abandonar el "que si" de todo y de una vez por todas profesionalizar la industria con los mejores porque Panamá se lo merece, porque es la única forma de una vez por todas de lograr el despegue que nos permita un turismo sano, rebosante y harto rentable. Si se tratara de otro país aceptaría el fétido moho de la indiferencia, pero Panamá con tanto que ofrecer y tan poco que le hacemos, merece mejores días y pesada suerte.
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