Decae el producto ‘picoso’ de Nuevo México, debido a la sequía
- Amelia Nierenberg
Más de dos décadas de sequía han agotado las represas, que son alimentadas por el Río Bravo. Pero una escasez de agua para el riego es sólo una de muchas fuerzas que amenazan el futuro del chile.
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Políticas de inmigración más estrictas en EE. UU. han afectado la capacidad de granjeros de contratar a pizcadores. Foto / Ramsay de Give para The New York Times.
HATCH, Nuevo México — Durante sus ocho décadas cultivando en el sureste de Nuevo México, June Rutherford nunca había visto una temporada del chile tan mala.
“El clima no ha sido bueno en lo absoluto para el chile”, afirmó Rutherford, quien fue coronada reina del Great New Mexico Chile Taste-off, un concurso para encontrar el mejor chile de Nuevo México, en el otoño.
A sus 95 años, Rutherford es la matriarca de la familia Franzoy, una de las primeras en comercializar el chile de Hatch, un elemento imprescindible de la economía basada en la agricultura en este lugar y una marca conocida en todo el mundo.
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“Ha estado caluroso”, dijo la reina. “Caluroso y seco”.
Más de dos décadas de sequía han agotado las represas, que son alimentadas por el Río Bravo. Pero una escasez de agua para el riego es sólo una de muchas fuerzas que amenazan el futuro del chile.
Los chiles dependen de días calurosos y noches frescas, creciendo cómodamente entre los 12 y 35 grados centígrados, para desarrollar el sabor y el picor deseados. Desde los 1970, las temperaturas diurnas en verano han llegado a los 37 grados o más. El calor excesivo, síntoma del cambio climático, puede levantar ampollas en la frágil piel de los chiles e interrumpir el ciclo de crecimiento.
Los cultivadores no pueden aumentar mucho sus precios; las granjas en México, que venden sus chiles en Estados Unidos, a menudo pagan menos a sus trabajadores y pueden vender su producto más barato. Otros agricultores están batallando para encontrar pizcadores, al tiempo que las políticas migratorias más estrictas han desacelerado el flujo de trabajadores temporales desde México.
Pocos otros alimentos encarnan la identidad de Nuevo México como el chile. “Es lo que es este Estado”, expresó Teako Nunn, de 70 años, un propietario del restaurante Sparky’s en Hatch.
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Los chiles rojos se secan en la planta y se sirven en una salsa picante con sabor ahumado. Los chiles verdes usualmente son asados sobre el fuego, picados y empleados como una salsa sobre todo desde los omelettes hasta los burritos. Sparky’s incluso le pone chile a su batido con helado de chocolate.
Pero los chiles de Nuevo México no se pueden cultivar en cualquier lugar: la elevación alta del Estado proporciona las oscilaciones de temperatura requeridas entre días calurosos y noches frescas.
Los agricultores han empezado a cultivar chiles en Colorado, directamente al norte. Pero la tierra es diferente allí. También lo es el agua. Y los entusiastas del chile dicen que pueden detectar la diferencia en el sabor. El Valle de Hatch tiene algo, dicen, que hace que la textura sea más crujiente y el sabor más balanceado.
“Hatch es considerado el Valle de Napa del chile”, afirmó Chris Franzoy, de 50 años, sobrino nieto de Rutherford y un propietario de Young Guns Produce.
Pero todas las variedades enfrentan un futuro incierto. En los 1990, más de 14 mil hectáreas de chile se cultivaban en Nuevo México, comparado con unas 3 mil 400 hectáreas en años recientes, indica Sonja Schroeder, directora ejecutiva de la Asociación de Chile de Nuevo México.
En el 2018, la Presa Elephant Butte, que abastece de agua al sur de Nuevo México, partes de Texas y México, estaba a sólo el 3 por ciento de su capacidad. Los granjeros vieron sus chiles marchitarse en los campos.
Nuevo México “está en la cima” de los Estados con inseguridad del agua, con del 80 al 100 por ciento del agua disponible siendo usado todos los años, señaló Betsy Otto, que dirige el programa de agua global en el Instituto de Recursos Mundiales.
“Preocuparte por el clima te espantará el sueño”, dijo Tyler Holmes, de 35 años, que planea tomar el control de parte de la operación de su familia, Morrow Farms, de su padre. Su tío, otro propietario, dejó de sembrar chile en su parcela hace entre 10 y 15 años.
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Holmes y su padre aún siembran chile, pero sólo en unas 32 hectáreas de las 485 que riegan.
“Hablamos de no cultivarlo, pero eso no es posible”, dijo ella. “Es quiénes somos”.
Otras familias, como los Franzoy, aún resisten, al expandir sus operaciones y cultivar nuevas variedades.
Rutherford, la reina del chile, vio a su padre, Joseph Franzoy, empezar con menos de una hectárea, y pizcaba chiles con su primer esposo, Jim Lytle. En su honor, ella cultivó la variedad Big Jim, una de las más populares de Nuevo México.
Pero incluso ella temía que aquellos días podrían haberse acabado.
“¿Crees que algunos de nuestros jóvenes van a continuar el legado?” preguntó. “¿Por qué deberían venir y cultivar el chile si así no pueden ganarse la vida?”.
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