Mundo de Negocios
No deje que el miedo al COVID-19 se convierta en estigma
- Valerie Earnshaw
El estigma ha exacerbado el sufrimiento en cada gran epidemia de enfermedades infecciosas y ciertamente jugará un rol en la pandemia del COVID-19.

Foto/Ilustrativa/Creado por freepik
Incluso si aún no es el caso, pronto conocerá a alguien que ha estado enfermo de COVID-19 y sobrevivió. Serán nuestros amigos, nuestra familia, nuestros vecinos y colegas. La historia nos juzgará con base en la forma en que los tratemos.
Desafortunadamente, como deja en claro mi investigación y la de otras personas, el estigma ha exacerbado el sufrimiento en cada gran epidemia de enfermedades infecciosas y ciertamente jugará un rol en la pandemia del COVID-19. El estigma es una respuesta evolutiva: Estamos preparados para distanciarnos físicamente de otros que pudieran contagiarnos.
También hay un componente moral. Tendemos a creer que las cosas malas les ocurren a las malas personas. Esta “falacia del mundo justo” nos engaña haciéndonos pensar que las personas que están infectadas con una enfermedad podrían haber hecho algo para merecerlo.
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Mis décadas de investigación muestran que el estigma daña la salud mental y física de las personas que sufren la enfermedad. Este estigma puede asumir formas de rechazo social, chisme, violencia física y negación de servicios. Experimentar estigma por parte de los demás lleva a mayores síntomas depresivos, estrés y uso de substancias.
El hecho de que muchos pacientes de COVID-19 están médicamente aislados complica el problema — se ha mostrado que los pacientes con dichas ordenes de separación están en mayor riesgo deangustia.
Estigmatizar a cualquiera durante una pandemia pone en riesgo a todos. La investigación respecto al VIH, el Ébola y otras epidemias muestra que el estigma afecta los esfuerzos de diagnóstico y tratamiento de la enfermedad. Las personas que se preocupan de que serán socialmente rechazados en caso de estar enfermas tienen menos posibilidades de buscar diagnóstico o tratamiento si experimentan síntomas.
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Los científicos que trabajan en diversos contextos de enfermedades han identificado herramientas para enfrentar el estigma durante la actual pandemia. La educación puede disipar estereotipos dañinos, como el de que las personas de origen asiático tienen más probabilidades de padecer COVID-19. Los líderes locales y nacionales que enfermen de COVID-19 deberían ser abiertos acerca de su diagnóstico para ayudar a normalizar la enfermedad.
Las publicaciones en redes sociales por parte de celebridades que tienen la enfermedad también pueden ayudar a eliminar el tabú. Si Tom Hanks y Rita Wilson pueden contagiarse de COVID-19, todos podemos.
Los líderes corporativos pueden clarificar que los valores organizacionales de inclusión, aceptación y diversidad se extienden a los afectados por el COVID-19. Aplicar las políticas antidiscriminación podría ser necesario. Cualquiera que se recupera plenamente del COVID-19 ya no es contagioso y no debería ser tratado en forma diferente. Los líderes corporativos pueden crear guías claras para el reporte y atención confidencial de casos de COVID-19 entre los empleados.
Todos jugamos un rol vital para combatir el estigma durante una pandemia. Los empleados pueden agendar reuniones virtuales con sus compañeros para saber cómo están. Podemos comunicarnos con nuestros vecinos, especialmente aquellos que han estado enfermos. También deberíamos hablar abiertamente acerca de las dificultades de salud mental que todos estamos enfrentando.
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Aunque el estigma es una reacción evolutiva ante la enfermedad, no es inevitable. El estigma divide y nos enfrenta, pero las pandemias nos recuerdan lo conectados que estamos. Nuestra vulnerabilidad compartida ante este virus es una fuente de solidaridad. Debemos recordar que el virus – y no las personas afectadas por este – es el enemigo.
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