Lectura y fracaso escolar
- Héctor Collado
Nuestra comunicación verbal o escrita, depende directamente de nuestra capacidad para adquirir lenguaje, entendido esto como el acopio de palabras, conceptos, ideas, vivencias, en fin, conocimiento.
El analfabetismo funcional campea en el hogar, en la escuela con total libertad de movimiento y el libro es un valor despreciado frente a la multitud de elementos distractores que atiborran la atención de adultos y niños.
La escuela es la principal causa de caries mental, no se nos pide pensar, sino calcar, reproducir información, que tarde o temprano olvidaremos.
Por otro lado estamos los padres de familia, distraídos, sin tiempo, desconociendo la conveniencia de que nuestros hijos se vinculen al libro desde la primera infancia.
Ser lector es una decisión personal. Nadie me va a convencer de que las historias de hadas son buenas para dormir o que las brujas son unas pervertidas; que "Las mil y una noches" es mejor que Betty, la fea o que los poemas de Pablo Neruda son una maravilla, comparados con "la plena" de moda o con el lenguaje altisonante y obsceno del "disyoki" de alguna emisora que está "picando". Yo solito decido cómo quiero ser, qué información edificará mi sistema de valores y cuál me envenenará la ternura.
“Un curso de literatura no debería ser mucho más que una buena guía de lecturas” dice el Gabo. Y es que somos usuarios de la lengua española, pero no la conocemos debidamente, por no contar con una conducta lectora. No nos gusta leer, porque los libros se nos presentan, en muchos casos, a la hora del castigo, y en las ocasiones que tenemos acceso al mismo se nos entrega como objeto sagrado. Hay que desacralizarlo.
No se trata de exigir sino de convidar de manera creativa a la fiesta de la lectura, al romance con el libro. Hoy día hay librerías ofreciendo excelente material. Adicional, contamos con bibliotecas públicas y municipales, en cada comunidad.
Leer es un ejercicio y como tal te exige pensar, sentir, darte cuenta, participar, involucrarte, cambiar las cosas. Los argumentos para no leer porque te distrae de lo trivial, de lo cotidiano, la rutina; porque te obliga a darte cuenta que hay un mundo, muchos mundos, más allá de tus narices. Hay los que prefieren evadirse, negarse un derecho que siempre han mirado como deber. Padres, maestros, estudiantes empecemos por preguntarnos: ¿Para qué sirve no leer?
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