Fuetazo
Laffit Pincay Jr.: crónica sobre un héroe de a caballo
- Egbert Lewis ([email protected])
Tony Farina nació en París y su nombre se parece más al de un divo de Hollywood que al de un jinete, pero de que es una especie de antihéroe –por lo menos ante los ojos de muchos hípicos- no cabe duda.
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Tony Farina nació en París y su nombre se parece más al de un divo de Hollywood que al de un jinete, pero de que es una especie de antihéroe –por lo menos ante los ojos de muchos hípicos- no cabe duda.
Tony Farina nació en París y su nombre se parece más al de un divo de Hollywood que al de un jinete, pero de que es una especie de antihéroe –por lo menos ante los ojos de muchos hípicos- no cabe duda.
Farina ha sido uno de los muchos jinetes que forman esa larga fila del montón, pero que disfrutan de algún momento de notoriedad, aunque este no sea resultado de una proeza. Sucede que la tarde del sábado 1 de marzo de 2003, con tan solo 23 años, se encaramó sobre un caballo llamado Rainman’s Request para competir en una carrera de seis y medio furlones que tenía como teatro de acción el hipódromo de Santa Anita, en California, muy cerca de Hollywood.
En esa misma competencia también estaba Trampus Too, que sería montado por el panameño Laffit Pincay Jr. En ese momento, con 56 años a cuestas y el récord mundial como el jinete que más carreras había ganado con 9,530, Pincay disfrutaba de las mieles de su éxito y de una carrera que, a pesar de su edad, parecía que iba ser de larga data. Pero sucedió lo inesperado.
Una maniobra involuntaria, pero torpe por parte de Farina cuando el pelotón se desplazaba en el tramo de arena de la tierra derecha produjo que Pincay saliera prácticamente volado del sillín de su cabalgadura y fue a dar sobre la pista de grama del hipódromo de Santa Anita en el que, paradójicamente, logró los triunfos más importantes de su carrera a lo largo de poco más o menos tres décadas.
Con algo de demora, “El corsario de las pistas norteñas” fue trasladado al hospital donde se le atendió y dio de alta pocas horas después. Pincay volvió a casa con la esperanza de seguir cabalgando en los próximos días, pero justo cuando se disponía a hacerlo, la recurrencia de los dolores y los consejos del también panameño Alexis Solís, lo llevaron a buscar una segunda opinión sobre las consecuencias de su rodada. El diagnóstico fue: doble fractura en el cuello. Y el consejo de los médicos: colgar las botas para siempre, si quería tener una vida normal y evitar una segunda caída que pudiera confinarlo a una silla de ruedas por el resto de su vida. Así se hizo.
Hoy, 11 años después, el nombre de Tony Farina, el muchacho parisino que sin intención y a mala hora se atravesó en el camino de Laffit Pincay Jr., no figura en las carteleras ni en los programas oficiales de los hipódromos importantes de Estados Unidos; fue como si la tierra se lo hubiera tragado. Para mala suerte de él tuvo un papel protagónico en la escena de una película que nadie quiere recordar.
A sus 67 años Picay todavía luce ‘fit’, gracias a los muchos que dedicó a cuidar sus condiciones físicas que le permitieron montar hasta los 56.
Pincay, por su parte, continúa siendo una estrella; aquí y allá. A pesar de su alejamiento de la competencia, todavía se le ve atlético, entusiasmado y dispuesto a compartir con quienes le vieron cruzar la meta como ganador 9,530 veces en los hipódromos de todo el mundo.
Miembro de los salones de la fama de Panamá y Estados Unidos y objeto de múltiples distinciones en el estado de California donde se le quiere como a un hijo, Laffit Pincay Jr. procura volver a Panamá cada año para cumplir con un compromiso mutuo: celebrar el clásico que lleva su nombre.
Para tal fin aterrizó aquí hace una semana. Durante su presencia en el hipódromo la gente no lo dejaba respirar pidiéndole autógrafos y fotografiándose con él.
Hasta ayer viernes “El corsario de las pistas” seguía en Panamá paseando y compartiendo con su gente, pero, sobre todo, firme como un roble gracias a que el cariño y el respeto del público sigue en pie, a pesar de aquella caída que lo bajó para siempre de las monturas.
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