Embaucadores sociales
Los participantes de esta confrontación han sido denominados de distintas maneras a lo largo de las décadas: capitalistas y proletarios, burgueses y trabajadores. Las dos partes esenciales de una población.
Siempre han existido dos poderes enfrentados en las agrupaciones humanas. Una guerra sin cuartel para obtener el control del poder social. Una lucha tan antigua como el hombre. Es la pelea del pueblo contra él mismo. La pugna de lo social contra lo económico. Y el único resultado de este largo enfrentamiento es la división y el resentimiento. El odio al prójimo, al distinto, al opositor, perpetuado por generaciones ciegas de ideología. El miedo al otro.
Un enfrentamiento artificial, liderado por charlatanes hambrientos de poder. Los que alimentan la hoguera y buscan la división lo hacen porque saben que son incapaces de moverse en un sistema bien organizado, con las reglas del juego claramente establecidas. Los participantes de esta confrontación han sido denominados de distintas maneras a lo largo de las décadas: capitalistas y proletarios, burgueses y trabajadores. Las dos partes esenciales de una población. Y estos adjetivos calificativos son lanzados como insultos entre los miembros de una sola comunidad.
VEA TAMBIÉN: Coronavirus, teorías de conspiración y guerra mediática y reticular
Pero esta serie de farsantes han vendido con charlatanería barata, durante años, esta rivalidad estúpida como una cruzada por la justicia, por lo decente y por lo bello. Lo único que han conseguido es deformar y difuminar la línea que separa lo bueno de lo malo. La infamia se ha apoderado del honor, la corrupción ha envenenado a la ley y los valores se han visto atacados por lo inmoral.
Esta batalla nunca ha sido de arriba para abajo, ni de izquierda a derecha. La verdadera lucha fue, es y siempre será de lo honesto contra lo nocivo, de lo íntegro contra lo corrupto, de la justicia contra la injusticia y de la cohesión contra la fragmentación. La verdadera división es aquella que existe entre quienes trabajan por un mejor futuro contra quienes solo quieren sacar provecho.
Y son ellos, los que utilizan el caos para sumar autoridad, los mismos que emplean el engaño, la mentira y la farsa para demoler las bases que los mantienen atados al fracaso. Son estos frustrados "adalides" de los valores los que se han visto envueltos en la maraña del poder y como una potente droga, los ha enviciado en el dulce disgusto de la comandancia.
VEA TAMBIÉN: Enseñanza del inglés a través de las tecnologías de la información y comunicación
Estos adictos han encontrado en la fórmula del desglose social una manera eficaz de saciar su sed de autoridad. Y por desgracia, grupos movidos por el miedo de una mala separación han cedido libertades a estas sanguijuelas. Estos vampiros de la independencia han engordado su capacidad de decidir etiquetas sociales y su habilidad para colocárselas a sus oponentes.
Se alimentan de la libertad porque saben que un pueblo libre es un pueblo sin cadenas y sin etiquetas. Señalan al libre porque sus hechizos no hacen efecto en el cuerpo del soberano. Odian al autónomo porque comprenden que no le hace caso a sus patrañas. Por ello es que colectivizan y fraccionan sociedades, porque una nación rota, es una población cautiva. Por eso es que aman al sumiso. Por eso premian al preso de sus mentiras.
Y para continuar bebiendo del cáliz del poder han abierto un frente de batalla contra lo establecido. Han creado un caos adulterado para no perder su único sustento y han llevado a masas de ignaros a enfrentarse con sus congéneres. Han empezado su triste función de títeres para tratar de contener el azote de la independencia física y mental.
Para desdicha de estos seres, la ciudadanía está empezando a despertar y a actuar en contra de lo que han creado. Su fórmula se ha quedado anticuada. Ya sus mentiras están empezando a quebrarse. Sus hilos se están rompiendo. Sus etiquetas no están haciendo efecto y como ha sucedido incontables veces en la historia, su macabro circo terminará devorándolos a ellos también.
Estudiante panameño en España.