La nueva ola feminista de México
La indignación por el asesinato de mujeres inicia un movimiento de masas.
Desde la azotea de un edificio de oficinas, Sonia Barroeta relata una vida llena de pequeños abusos. Si usa una falda, los hombres “no van a dejarme en paz”, dice. Por eso, ha estado vistiendo pantalones negros por 30 años. Puede recordar seis ocasiones en las que tuvo que utilizar gas pimienta para repeler hombres agresivos. En la actualidad, con casi 60 años, planea formar parte de una manifestación por primera vez, una protesta a realizada el 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer.
Al día siguiente, se unirá al “paro nacional de mujeres”. En su caso, eso significará no ir al trabajo y quedarse en casa, junto a las otras 40 miembros del personal femenino y estudiantes de la Escuela de Aviación Asteca, que entrena pilotos (por lo general hombres) y azafatas (por lo general mujeres). Las mujeres no solo sufren en la calle, sino también en el trabajo, en el hogar y en todos lados, dice Barroeta. “Como mujer, vales menos desde el día que naces”.
Los grupos feministas convocaron la marcha y el paro luego de dos asesinatos salvajes en febrero. Ingrid Escamilla, de 25 años, fue asesinada y desollada por su esposo. Fátima, una niña de 7 años, fue secuestrada, abusada sexualmente y asesinada. Esta lucha contra la violencia es el primer gran movimiento social que se forma durante la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, un populista de izquierda que asumió la presidencia en diciembre de 2018.
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Esto forma parte de una ola latinoamericana. El año pasado, luego de que la policía abusara de algunas mujeres que participaron en manifestaciones contra la desigualdad, el alto costo de la vida y los fraudes electorales en varios países, las mujeres organizaron protestas contra el sexismo. Desde entonces, un himno chileno llamado “Un violador en tu camino” se ha entonado desde Paraguay hasta Honduras.
Si bien la violencia es lo que incentiva la protesta, en México las mujeres conforman una proporción más pequeña de las víctimas de asesinatos que en países donde por lo general son tratadas de mejor manera. En Suiza, que en 2018 fue el mejor de 189 países clasificados en el índice de desigualdad de género del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la mitad de las víctimas de homicidio son mujeres. En México (que ocupa el lugar 74), que tiene muchos más asesinatos, la proporción ha permanecido constante entre el 10 y el 15 por ciento desde los años noventa. Esto se debe a que los asesinatos habituales en este país involucran a un hombre de alguna organización criminal disparándole a otro. En 2018, 36.700 personas fueron asesinadas en el país, 3700 de ellas fueron mujeres.
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Las feministas alegan que los asesinatos de las mujeres son especialmente violentos. “Nos matan con una crueldad distintiva”, dice Citlalli Hernández, senadora. México reconoce el “feminicidio”, el asesinato de una mujer o niña por ser del género femenino, como un delito autónomo. El año pasado, el país clasificó 980 homicidios como feminicidios, un incremento frente a los 411 ocurridos en 2015. Muchos son la culminación de casos de violencia doméstica que fueron reportados a las autoridades, y por ende fueron prevenibles. En encuestas que preguntaban si la gente se sentía segura, apareció una brecha en 2014: la proporción de mujeres que se sienten amenazadas es diez puntos porcentuales más alto que el de los hombres.
Esto inspiró un movimiento caracterizado por la juventud de sus adeptos, su militancia y el uso de las redes sociales para organizarse. Luego de que una adolescente acusara a cuatro policías de violación en agosto del año pasado, las mujeres se movilizaron bajo la etiqueta “no nos cuidan, nos violan”. Rompieron la puerta de cristal de la Procuraduría General de Justicia, vandalizaron el Ángel de la Independencia, el monumento más conocido de la ciudad, y se enfrentaron a brigadas femeninas antimotines.
Aunque los homicidios son el foco de estas protestas, no es el único objetivo. “Lo que queremos es cambiar la cultura, las relaciones sociales, el lugar en el que nos han puesto históricamente”, afirma Sayuri Herrera, abogada.
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La mayoría de los mexicanos quieren menos violencia contra las mujeres. Universidades y grupos empresariales respaldaron la marcha del Día de la Mujer. Hay menos entusiasmo por otros objetivos feministas, como el acceso legal al aborto. La capital legalizó el aborto a principios de 2007; el estado sureño de Oaxaca lo hizo más tarde. Otras jurisdicciones no han seguido el ejemplo.
Las protestas están más dirigidas a cambiar actitudes sociales que políticas gubernamentales. Las líderes no esperan mucha ayuda de López Obrador. Aunque en el pasado fue un agitador, no le gusta lidiar con fuerzas que no puede controlar. López Obrador afirma que el movimiento feminista ha sido “infiltrado” por los conservadores, quienes se aprovechan de la indignación para criticarlo.