Vivir al borde del caos
- REDACCION
Las últimas lluvias dejaron flotando, a la vista de todos, no solamente los autos que se observaron alrededor del Hotel Sheraton, sino también pusieron a flote de la conciencia ciudadana, las graves omisiones de las autoridades para controlar las irresponsabilidades de los que se han empeñado en destruir la ciudad capital.
Para los residentes de las áreas afectadas por las lluvias de la semana pasada, lo que realmente puso al borde del caos a los panameños fue, sobre todo, la ausencia de cumplimiento y seguimiento de todas las normativas que existen en Panamá.
Las recientes inundaciones demostraron igualmente que con autoridades así, estamos literalmente a la deriva. Y al igual que la basura de la ciudad, ya sea ésta de origen doméstico o industrial, pareciera que no hay cómo salvarse del naufragio seguro a que nos conduce tanta indolencia nacional.
Es un acto imperdonable el que existan funcionarios municipales que dejaron engavetado el trámite para eliminar árboles, convertidos ahora en guillotinas contra la vida. Como imperdonables es también la falta de controles para las decenas de edificios que se construyen sin supervisión o vigilancia. Todo ello pese a las evidencias (que no se investigan suficientemente) que han estado presentando en toda clase de foros los residentes del corregimiento de San Francisco. Pero no sólo ocurre en este corregimiento, sino en casi todos y en todos lados.
La casi nula fiscalización de las obras de construcción es una de las evidentes causas de una ciudad al borde del caos. Nos preguntamos: ¿Cuántas pérdidas más de vidas humanas y bienes tienen que producirse para que reaccionen el Municipio o el MIVI?
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